lunes, 26 de abril de 2010

Breve historia del Dúo Benítez Valencia: una visión personal


Una pequeña historia para (re)conocer al Dúo Benítez Valencia: apuntes personales de Fidel Pablo Guerrero (I)





Fotos: Colección Archivo personal de Gonzalo Benítez;
Archivo Sonoro de la Música Ecuatoriana



Los antecedentes del Dúo Benítez Valencia giran en torno a tres circunstancias interrelacionadas; una de ellas es que Gonzalo Benítez (Otavalo, 1915- Quito, 2005) y Luis A. Valencia (Quito, 1918-1970) estudiaban para normalistas en el Colegio Juan Montalvo, en donde se conocieron y en alguna ocasión cantaron juntos en una programación estudiantil en los años 30’s; la otra situación es la conformación del grupo Alma Nativa cuya dirección estaba a cargo el músico otavaleño Guillermo Garzón y sus integrantes eran Corsino Durán, Marco Tulio Hidrobo, Bolívar Ortiz, Carlos Carrillo y Gonzalo Veintimilla, quienes –exceptuando el primero de los mencionados que era violinista- después se convertirían en Los Nativos Andinos, un cuarteto de guitarras excepcional. Gonzalo Benítez se sumó como cantante a esta agrupación en la cual hacía dúo con Bolívar “El Pollo” Ortiz, así se grabaron algunos discos de pizarra. Poco, después Ortiz decidió dedicarse con mayor ahínco a la guitarra y fue entonces que sugirió a Benítez que buscara a Luis A. Valencia.



Integrantes del Conjunto Alma Nativa. Se puede apreciar a
Bolívar Ortiz (izq.) (al centro en la parte superior),
Víctor Veintemilla (der.) y Corsino Durán con violín (en el centro inferior).
Funda de disco de pizarra. Archivo Sonoro de la Música Ecuatoriana.


El tercer factor que finalmente contribuyó en la constitución de este magnífico dúo es el desarrollo alcanzado por los medios de comunicación radiales, en donde confluye Radio Quito, empresa que se funda precisamente en 1940, y que invita a ser parte de la planta artística de la Radio a varios músicos, ente ellos a Los Nativos Andinos y al Dúo Benítez Valencia; esto permitió hablar de una actividad profesional en la música popular. El programa que presentaba la música ecuatoriana en audiciones en vivo era “Canciones del alma”, que el público seguía con gran expectativa.


Gonzalo Benítez cuando grabó para la Victor en dúo con Bolívar Ortiz.
Hoja promociona, inicios años 40’s.


Así es como empieza una carrera artística de treinta años de uno de los más grandes dúos vocales masculinos de la música popular del siglo XX. A la voz de Benítez, más aguda, de tenor, con una gran extensión, se sumaba la de Valencia un tanto más grave, de barítono, y con un timbre excepcional. Manejaban increíblemente la afinación, potencia y elemento expresivos de la música: crescendos y diminuendos excelentes, o sea cuando escuchamos que la voz sube de volumen o baja gradualmente o súbitamente, de acuerdo a la necesidad expresiva de la canción, lo cual permitía saber exactamente dónde estaba el clímax de la pieza musical.





Anuncio de Radio Quito. Quito, 1955.



A veces me parece que el Dúo Benítez Valencia, fue en realidad un trío, pues permanentemente estaban acompañados de la guitarra excepcional de Bolívar “El Pollito” Ortiz. Benítez contaba que Ortiz era un hombre callado, “pero cuando hablaba, hablaba sentencias”, además de una digitación firme y segura y de un hermoso timbre guitarrístico Ortiz era un gran improvisador, cada vez que nos presentábamos – nos narraba Benítez- modificaba los adornos a lo largo de la canción y siempre quedaban bien, el siguiente adorno siempre era mejor que el primero”. La calidad de este artista se puede vislumbrar escuchando los disco Oye mujer y las grabaciones que hizo en la Embajada norteamericana el ingeniero de sonido Emory Cook (1913-2002) en 1958, y cuyos parientes cedieron los registros al Instituto Smithsonian (EEUU). Aunque Gonzalo Benítez sabía acompañar bastante bien con la guitarra, generalmente era Luis Alberto Valencia quien hacía la segunda guitarra y Bolívar Ortiz tenía a su cargo la primera guitarra, haciendo las introducciones, los estribillos y adornos a lo largo de las piezas musicales.




Bolívar Ortiz hacia inicios de los años 40’s.

Otra cuestión digna de mencionarse es que alcanzaron a realizar una gran suma de registros sonoros; nosotros logramos compilar más de seiscientas piezas musicales grabadas. Ese permitió ratificar definitivamente el cancionero o el repertorio llamado de “música nacional”. El pasillo llegó a su cúspide con estos intérpretes y los ritmos ecuatorianos como sanjuanitos, danzantes, tonadas, pasacalles, albazos y otros que les entregaban los nuevos compositores populares de su época, tuvieron el espacio para divulgarse y popularizarse. En buena medida, lo que vino después fue un seguimiento o una emulación a lo que se fue forjado alrededor del Dúo. Las piezas que originalmente grabaron los Benítez-Valencia eran regrabadas en múltiples versiones, aunque también hay que señalar que se creó una especie de escuela, indirectamente, de buscar nuevos valores de la creación para alcanzar éxito con las mejores interpretaciones.




Carátula del disco con las grabaciones de Emory Cook del dúo Benítez Valencia con el acompañamiento de Bolívar Ortiz. 1958

Otra faceta de estos intérpretes es su aporte como compositores. Quizá la pieza que más revuelo ha causado por la historia que se creó a su alrededor y por la participación bohemia de varios artistas: pintores y escritores, ha sido Vasija de barro (danzante), pero sin duda fueron muchas otras piezas las que nos dejaron estos artistas que son de gran calidad. Del “Patojo” Benítez: Calles quiteñas (albazo), Caminando, caminando (sanjuanito), y la famosa Vuelta del chagra, que es reclamada en su parte musical como una pieza de origen imbabureño que existió alguna vez y se llamó el Canchano vago (Dónde estás José María, que no te veo...) y que en su cambio Benítez escribió: Empeñando el sombrerito me voy volviendo... Por su parte el “Potolo” Valencia nos dejó los clásicos pasillos Acuérdate de mí, Canción azul y la parte musical de la tonada Leña verde, entre muchas otras.


Los integrantes del Dúo: Luis A. Valencia y Gonzalo Benítez.



Ciertamente que el dúo causaba y creo que causa todavía algunos apasionamientos entre sus fanáticos; he escuchado a “Gonzalistas” y “Potolistas”, dándoles el crédito de mejor cantante a cada uno de sus ídolos. Es mi parecer que aquella individualización jerárquica no es lo importante, ni siquiera aquella la simpatía que llegó a tener “El Potolo Valencia”, como el personaje bohemio y dicharachero del dúo “con la voz inigualable”. Cada uno de ellos grabaron con otros compañeros en dúo mixto (Azucena Durán, Carlota Jaramillo), así como también como solistas y, si dejamos pasiones a un lado, nos percataremos que ninguno triunfó radicalmente con los otros dúos ni como solistas, como sí lo hicieron como dúo. El empaste de sus voces y el manejo que hicieron de ellas como complemento vocal en la música ecuatoriana es su aporte mayor. En fin… siempre habrán diferentes apreciaciones sobre de cada uno de los integrantes, pero sin duda nadie negará que la música grabada por el Dúo Benítez Valencia constituye hoy un referente patrimonial de las expresiones populares del siglo XX.

Quito 23 abril 2010




Otros materiales relacionados con este escrito:


1. Video del Dúo Benítez Valencia

2. Vasija de barro (danzante) / Gonzalo Benítez y Luis A. Valencia, música; Jorge Carrera Andrade, Hugo Alemán, Jaime Valencia y Jorge Enrique Adoum, texto. Quito, noviembre, 1950. Video con la interpretación de Atahualpa Yupanqui (fines años 60's).

http://www.youtube.com/watch?v=U6U9N8Ntc4g



Fin

martes, 13 de abril de 2010

Músicos en andamio: el danzante de Gerardo Guevara cantado por Atahualpa Yupanqui

Añadir vídeo
El audio del Danzante del destino, obra cuya música pertenece al compositor Gerardo Guevara (Quito, 1930-) y el texto al poeta Jorge Enrique Adoum, se hallaba desde hace unos tres años en la red, pero es hasta hace muy poco que lo han subido en una versión audiovisual. Esta pieza fue compuesta en 1967 por el maestro Gerardo Guevara y grabada por Atahualpa Yupanqui.
Conozco dos versiones, una de estudio con acompañamiento orquestal y esta otra que Yupanqui canta acompañado por su guitarra en una presentación televisada, entiendo que en España a fines de los años 60's. Desafortunadamente serán muy pocas las personas que se percaten de que se trata de una obra musical ecuatoriana, pues no consta como tal en los videos de yuotube.

Video del Danzante del destino interpretado por
Atahualpa Yupanqui

video

El danzante, además de ser el nombre del bailarín con atuendo especial en las festividades indígenas, es un género musical que ha trascendido a los repertorios mestizos y que se escribe en compás binario compuesto de 6/8; su ritmo, pausado pero enérgico, es un continuo sonar de una nota larga y una corta, esto es una negra y una corchea. Se cree que su origen es precolombino y se mantiene hasta la fecha ejecutándose en las comunidades andinas indígenas y en el repertorio de bandas y conjuntos populares.

Danzante del destino

Música: Gerardo Guevara

Texto: Jorge Enrique Adoum

Preguntan de dónde soy

y no sé qué responder

de tanto no tener nada

no tengo de dónde ser.

Un día me iré a quemar

todo el trigo del dolor:

entonces ha de haber Patria

ahora hay tierra del patrón.

Debajo del campo verde

harta sangre hay en el suelo:

yo no sabré a dónde voy

pero sé de dónde vengo.


El indio que cae sabe

cuánta tierra al fin le toca:

pues reconoce el sabor

de otros indios en la boca.

jueves, 8 de abril de 2010

Músicos en andamio: Página web de CONMÚSICA

En dos meses se lanzará página web de la Corporación Musicológica Ecuatoriana CONMUSICA y del Archivo Sonoro de la Música Ecuatoriana (AS)




Fidel Pablo Guerrero Gutiérrez





Por fin tras larga espera, más de una década, hemos logrado rebasar el anhelo de querer para llegar a la opción de hacer, con todo lo que ello implica. Hacer, dicen es el pensamiento -con su consustancialidad práctica- más poderoso de la existencia humana. Por fin podemos decir que hemos aplicado el principio que se resume en esa palabra y hemos plasmado un espacio en la red que, a través de la investigación y la creación, presente a las culturas musicales del Ecuador en una plataforma de múltiples formatos, dándolas a conocer al Mundo desde el respeto y la diversidad musical. Es cierto que mucho antes se entregaron materiales que ahora circulan en varios espacios de los cibernautas, muchas veces sin sus respectivas fuentes de origen. El Consejo Nacional de Cultura y el programa Edufuturo del Consejo Provincial de Pichincha nos pidieron alguna vez materiales que constan y circulan en sus respectivos portales. Al echar un vistazo a otras páginas web, blogs, Wikipedia y otros medios cibernáuticos se ha podido confirmar que el trabajo realizado por nosotros está integrado, con reconocimiento bibliográfico o sin él, en muchas de esas páginas; de algún modo se ha aportado al conocimiento de la música en nuestro medio. Sin embargo era hora ya de que lo hagamos desde nuestro propio espacio, con la garantía que ello supone y con la participación directa de los investigadores de la Corporación Musicológica Ecuatoriana CONMÚSICA que continuamente están elaborando y revisando documentos investigativos.

Consideramos a la música hoy llamada ecuatoriana como un tejido integral desde su cultura, desde sus conexiones culturales y desde lo que eclécticamente se ha ido mimetizando con lo de dentro y lo de fuera a lo largo del tiempo. No creemos que la música ecuatoriana se puede pensar y hacer solo desde un sector o un estilo como lo auténtico o como lo verdadero, como lo culto, como lo propio, como lo nuestro y, sin embargo, siempre tenemos presente como referente que la música ecuatoriana sí tiene un trajinar histórico propio. Si alguien hace un blues en el Ecuador, pues es un blues hecho por un ecuatoriano, hasta podría llegar a ser, si se produjera un movimiento creativo y original con este género, hablar de un blues ecuatoriano, pero no es, dentro de los parámetros de la dinámica histórico-cultural: música ecuatoriana, de hecho la mayoría conoce que se trata de música negra anglosajona que usa escalas pentafónicas igual a las nuestras, y sin embargo no suena como música andina, quichua o china, porque ciertamente responde a factores socioculturales. Es posible que sea diferente si alguien hace un sanjuanito blues, o si en una sinfonía se incluye como parte de sus movimientos géneros populares o indígenas ecuatorianos (de hecho el compositor cayambeño Luis Humberto Salgado [1903-1977] lo hizo).

Hay que tomar en cuenta que a lo largo de los tiempos se han producido miles de intercambios culturales y creemos que generalmente es la comunidad o el pueblo el que toma los elementos extraños, foráneos o de prueba y será él -aunque un compositor, que no es más que un receptor social propositivo, pueda ser el intermediario de presentarlos- el que dictamine si esos elementos son admitidos, asumidos o negados como parte del discurso musical ecuatoriano[1]. Podemos poner como ejemplos de lo dicho al pasillo (cuya raíz está en el vals europeo), al tecnosanjuán o al fox incaico ecuatoriano, que han sufrido mutaciones de sus raíces para convertirse en nuevos géneros, así como ha sucedido, de otro modo, en re-creaciones que usan materiales del pasado, caso de la pieza que se canta modernamente bajo el título de Panteón generoso[2] que no es melódicamente sino el antiquísimo Mashalla, en una especie de genética musical, en cuyo uso no ha mediado ninguna fórmula o impulso de concientización musicológica, la población lo ha refuncionalizado y asimilado por cuenta propia, sin conocer o sin que le importe saber que se trata de una pieza que alguna vez ya existió[3].

Si el fox trot, un baile norteamericano (se podría decir que fue un jazz primitivo), fue absorbido por los músicos de salón y los músicos nacionalistas del Ecuador para recrear un nuevo género, del cual, en fusión con la pentafonía y el sanjuanito nació el fox incaico ecuatoriano[4] y si éste sobrevive -pues los músicos académicos y los músicos de salón dejaron de producirlo hace mucho tiempo atrás-, es únicamente porque el pueblo a través de sus creadores e intérpretes lo han asumido como “propio”, sumándole elementos de sus respectivas culturas musicales. Esto nos permite recordar que la música académica se basa en la información anterior de la música popular y la música popular y étnica ha tomado elementos culturales o instrumentales de las diversas culturas en donde se entretejen elementos del conocimiento ancestral de las comunidades afro y andinas, selváticas y costaneras.

Muchas veces se piensa que el compositor urbano, el que usa las herramientas de la técnica y la tecnología están en un plano superior, sin percatarnos que los pueblos que están lejos de esas herramientas tienen culturas milenarias y que son a la vez colectividades históricas y contemporáneas que nos han dado sustento cultural y que deben tener los mismo niveles de respeto y derechos que otras que tienen más recursos económicos y diferentes formas de divulgación. Es precisamente esta gama diversa, cuya instancia última es un intercambio cultural que busca humanidad e igualdad con una de las expresiones más antiguas de todos los pueblos, y por tanto la más llena de información ancestral, la más subjetiva y quizá la que, desde lo sonoro es el origen del lenguaje. La expresión sonora que devino en la música, se hacía antes –al menos unos 30.000 años- de que el hombre creara un lenguaje articulado de la palabra y de la escritura. La primera forma de libertad y humanización que sirvió para pasar de homo sapiens a homo creativus es posible que haya sido la música.

El sustento y sobrevivencia de las culturas como ya lo había dicho hace más de medio siglo el músico y filósofo ecuatoriano Juan Pablo Muñoz Sanz es el hacer en la creación y la investigación, por ello ese nuevo portal que se abre es signo no solo de existencia, sino de comunicación, de praxis, de ciencia, de ilusión creativa, de búsqueda, de intercambio y de tecnología de divulgación para un mundo musical que se hallaba incompleto sin los aportes históricos de los países americanos.

abril, 2010





Notas:

[1] Recuerdo que en este sentido, el etnomusicólogo Carlos Coba, señalaba hace unos veinte años, que en la música indígena otavaleña se había producido una “bolivianización musical” por el uso de instrumentos y sonoridades pertenecientes a las comunidades indígenas del país vecino. Fue la colectividad la que en último término supo tamizar o aceptar esas opciones. Así también -como opción a esa circunstancia- se podría plantear la des-bolivianización, des-rokerización, des-popización o des-jazzcización en la nueva música ecuatoriana –desde lo teórico o desde la práctica musical- pero será la comunidad la que defina a largo plazo y acepte o niegue esos planteamientos.
[2] Pieza documentada por el etnomusicólogo Juan Mullo Sandoval.
[3] Esta reutilización melódica también puede darse entre culturas distantes o un tanto afines, por ejemplo el fox incaico La bocina (Viviré en el campo…), una pieza de la región andina es usada por los quichuas amazónicos, con otro texto y la misma música.
[4] También hay versión peruana de fox incaico.


Adjunto: Partitura de Collar de Lágrimas (fox incaico)


(Dar click en las partituras para mirar o imprimir en formato grande).



sábado, 3 de abril de 2010

Para guitarristas: El pasillo del Maestro Gerardo Guevara, por fin..

Hace ya mucho tiempo que unos amigos me pidieron colocara la versión para guitarra del pasillo El espantapájaros, del Mtro. Gerardo Guevara Viteri (Quito, 1930-); sin embargo la adaptación que hice estaba extraviada y hoy..., por fin la he encontrado; espero que les sirva. Con un saludo para Renato Ponce y Fernando Campos.

(Dar un click sobre la imagen de la partitura para mirar e imprimir en formato grande)



Nos piden el pasillo Sendas distintas

Sendas distintas. Pasillo ecuatoriano del compositor Jorge Araujo Chiriboga, dedicado a su esposa, la cantante Carlota Jaramillo, a quien Araujo sobrepasaba con más de la mitad de edad. Con un saludo para María Augusta Abad.

(Dar un click sobre la imagen de las partituras para mirar e imprimir en formato grande)