martes, 10 de agosto de 2010

Carlos Bonilla Chávez: mil años de música

Carlos Bonilla Chávez: mil años de música


Fidel Pablo Guerrero Gutiérrez




Este es el título del trabajo que con el respaldo del FONSAL llevamos adelante –con el músico e investigador César Santos- sobre el compositor y guitarrista quiteño Carlos Bonilla Chávez.

Si bien en un principio se trataba de elaborar una biografía para divulgarse en sectores educativos y que debía agrupar la obra principal y el accionar de este creador en el medio, ha pasado a ser adicionalmente un trabajo de salvaguarda patrimonial. En un formato de CDROM (un disco de acceso múltiple a escritos, videos, material gráfico y audios) hemos digitalizado los manuscritos de sus obras, y entre otros documentos unas 200 fotografías del músico, más de 200 artículos y recortes de prensa. Así también grabaciones inéditas de sus ejecuciones guitarrísticas y entrevistas.

Hemos registrado aproximadamente unos 800 documentos, entre los cuales las partituras abarcan un segmento importante que seguro prestarán un gran servicio para el estudio y ejecución de las mismas. Las partituras que contiene este disco son autógrafas en su mayoría, o sea de puño y letra del compositor, de ellas se escogieron varias obras para ser escritas en un programa especializado de música. Fueron levantadas 60 creaciones de diversos géneros, así como las 120 páginas de su Suite andina con sus respectivas particellas, obra considerada como la más importante de sus trabajos sinfónicos, la misma que fue su primera obra para ese formato y que se estrenó en 1958 con la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador. Estos materiales gracias a la aquiescencia de la familia del compositor estarán –con exclusivos fines culturales y educativos- al servicio del público, de músicos e investigadores.



Un trío fantástico: Segundo Guaña, Carlos Bonilla y Bolívar Ortiz. Quito, 1963. Foto Archivo Carlos Bonilla Chávez (A-CBCh); digitalización: Pablo Guerrero.

Como un avance investigativo para los seguidores de nuestro blog presentamos un apretado resumen -de un trabajo más extenso- de Carlos Bonilla Chávez con algunas referencias de su tiempo y su vida.


Carlos Bonilla Chávez (1923-2010)


Carlos Bonilla nació en el Quito de los años veintes, cuando esta pequeña ciudad se preparaba a abandonar el modernismo artístico de los poetas decapitados y ya se perfilaban los rasgos iniciales de los indigenistas, principalmente en los campos pictórico y literario.


Carmen Chávez (madre de Carlos Bonilla) con guitarra y su hermana Rosa con bandolín. A-CBCh; digitalización: Pablo Guerrero.

Mirando a su madre como ejecutaba la guitarra, aprendió por cuenta propia a tocar aquel instrumento que lo acompañó toda su vida y a través del cual se hicieron sus más importantes creaciones musicales. Su familia no veía bien que se dedicara al aprendizaje del instrumento, pues los prejuicios que rodeaban a los músicos no eran comprendidos en su ambiente.

De todos modos, contradiciendo a la familia y aprendiendo por cuenta propia, a los once años era ya un hábil guitarrista y seguidamente daría clases a sus cercanos vecinos. Pocos años después empezarían sus primeros ensayos compositivos, el aire típico Quiteñitas sería fruto de sus intentos creativos iniciales. Cuando uno de sus alumnos escuchó su manera brillante de ejecutar la guitarra le sugirió que se inscribiera en el Conservatorio, a lo que el joven Bonilla respondió –¿Conservatorio, y eso qué es? En efecto, a los 16 años ingresó a estudiar en el Conservatorio Nacional de Música; para inscribirse se valió de uno de sus alumnos mayores, quien le sirvió de apoderado. Finalmente su familia comprendió aquella pasión inquebrantable que sentía por la música y terminó por apoyarlo. En el Conservatorio se graduó como Profesor de Contrabajo.


Carlos Bonilla Chávez a fines de los años 50’s. Foto Colección: Archivo Sonoro de la Música Ecuatoriana; digitalización: Pablo Guerrero.


Carlos Bonilla es considerado el padre de la guitarra académica, y recibe esta nominación por ser el primero en abrir la cátedra de ese instrumento en el Conservatorio Nacional de Música. Resulta un tanto paradójico que, a pesar de su acción como guitarrista, tuvo que graduarse primero de contrabajista en 1950 y solo luego abriría, él mismo, en los años sesentas las clases de guitarra en ese plantel.

El contrabajo le permitió el aprendizaje formal de la música y la posibilidad de integrar muchas agrupaciones entre ellas, la Orquesta Sinfónica Nacional, de la cual fue uno de sus miembros fundadores en 1956. De hecho Bonilla venía tocando el contrabajo desde mucho antes en la Orquesta del Conservatorio; hay documentos gráficos en donde se lo ve junto al entonces Director del Conservatorio y de la Orquesta, Juan Pablo Muñoz Sanz, cuando Bonilla contaba con 24 años.


Carlos Bonilla tocó el contrabajo en varias orquestas. AS; digitalización: Pablo Guerrero.

En esa época y como sucede hasta nuestros días, el músico vivía dentro de dos mundos musicales. El mundo del Conservatorio en donde se preparaba con el conocimiento que le sería útil para su desempeño profesional como solista, en conjuntos, como arreglista y como creador musical; y otro mundo, más vinculado a la práctica social, en donde el músico participaba de actividades populares en fiestas, bailes, a través de las audiciones de radio, todo lo cual servía para ser ubicado en puestos de admiración del pueblo dependiendo de sus cualidades humanas y profesionales. El Conservatorio le permitía estar a tono con las novedades metodológicas y propuestas musicales y a veces admirar sobredimensionadamente a músicos de ultramar; pero la calle y el medio social permitían por su parte reconocerse en la música del pueblo y tratar de emular la belleza que surgía del mundo bohemio, de las chinganas, de festejos indígenas y bailes populares. El músico contagiado de esas circunstancias compartía su tiempo y vecindad con autores, poetas, pintores y demás integrantes de aquella llamada -con malicia- “fauna artística quiteña”.


Reunión de artistas. Entre otros constan: Dúo Benítez Valencia, Guillermo y Julio Quirola, Luis Aníbal Granja (acordeón), Los Barrieros (trompetas). Bonilla, tercero a mano izquierda, en cuclillas. A-CBCh; digitalización: Pablo Guerrero.

En los años sesentas con el respaldo del Centro Ecuatoriano Norteamericano y el Departamento de Estado de EEUU, Carlos Bonilla Chávez hizo dos giras artísticas nacionales y una gira a los EEUU por varias ciudades norteamericanas; en ambos casos como solista de guitarra y lo más relevante de esto es que sus programas musicales estaban constituidos en gran parte por su propia obra. Mientras en nuestro propio medio los compositores incluían tímidamente una que otra de sus obras en un programa musical, Bonilla hacía lo contrario, en muchos casos la totalidad del programa eran sus obras.

Bonilla consideraba que no se debía mezclar la música con la política, pensamiento que en la práctica no logró refrendar, pues creó música dentro de un nacionalismo de tipo indigenista –que en sí es un planteamiento político- y que en su tiempo ya había alcanzado un grado de presencia y divulgación a través de algunos artistas e intelectuales alineados ideológicamente con la izquierda. Bonilla en cambio recalcaba siempre que él no era de izquierda ni de derecha y que su intención era reivindicar “al indio desde lo espiritual, desde lo artístico, no desde las armas”. Bonilla aseguraba que a los indígenas -a sus hermanos-, los tenían en sumisión, aunque no descifraba quién los tenía así y por qué no podían incorporarse. De todos modos se puede hallar un pensamiento reivindicativo, que procuraba presentar sonoramente a través de su obra la vida del indio y su sufrimiento, lo cual a su vez que se contraponía con su personal simpatía hacia los EEUU, país por el cual sentía gran admiración. De esa adhesión surgió también la dirección a su cargo del Coro del Centro Ecuatoriano Norteamericano, con el cual hizo una buena cantidad de actuaciones en el medio.


Manuel Reyes de solista con el Coro de la CCE y su director Carlos Bonilla Ch. en la guitarra. A-CBCh; digitalización: Pablo Guerrero.

Actividades importantes dentro del ámbito institucional fueron la dirección del Coro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, con el que realizó varias grabaciones y giras por diversos países entre 1963 y 1968 (Chile, Perú, Colombia y EEUU); así como también la formación y dirección del Coro de la Pontificia Universidad Católica de Quito. También fue de gran trascendencia su labor pedagógica, formando musicalmente a varias generaciones de jóvenes a quienes después los hallaríamos integrando el grueso de los músicos ecuatorianos, tal el caso de Luis Maldonado Lince, Gonzalo Cepeda, Jacinto Freire, Milton Estévez o Eduardo Sangucho, y por supuesto sus hijos, principalmente René, Alejandro y Larry, integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional.


Trío de guitarras constituido por Bonilla, Milton Estévez, derecha y Tito Sangucho, izquierda. A-CBCh; digitalización: Pablo Guerrero.


En cuanto a su producción compositiva, las obras de mayor divulgación han sido el pasillo ligero titulado Beatriz, dedicado a su esposa. Así mismo alcanzó gran aceptación el yumbo Atahualpa que es considerado un himno de rebeldía. Otra de sus obras, Ponchito al hombro, recogía el esfuerzo que realizaban los cargadores en la calle 24 de Mayo, que para cargar grandes muebles solían poner su poncho doblado en la espalda o en el hombro para que el peso y el objeto no cause tanto daño al cuerpo.

De su indigenismo musical también surgieron Chasqui (el nombre de esta pieza le fue sugerido por el pintor Víctor Mideros), Tambores Shirys (nombre sugerido por el pintor Oswaldo Guayasamín), Indiecito Otavaleño, Danza Shiry, Preludio y yumbo y Elegía y danza, estas dos últimas obras publicadas en 1975 en París. Bonilla se sentía orgulloso de sus ancestros y de allí esa tendencia indigenista en su música.

Dentro de las piezas que abordan los sentimientos se encumbró uno de sus pasillos destacados: Cantares del alma, del que se han hecho muchas versiones por grandes intérpretes. Junto a Cantares del alma está el pasillo Subyugante, que tiene una gran versión en la voz de Eduardo Brito, a quien también descubrió y preparó como cantante el mismo Bonilla. Carlos Bonilla Chávez dejó muy buenos discípulos, un legado compositivo como parte de la tendencia nacionalista, música popular elaborada, abrió la puerta para que la guitarra sea considerada como materia escolástica en las instituciones de formación musical, dejó un gran número de arreglos para orquestas, coros y conjuntos y nos dejó su sonido grabado en la memoria.


Foto de estudio. Bonilla y su guitarra. ca. fines años setentas. AS; digitalización: Pablo Guerrero.

Su guitarra y el cuerpo inmaterial de la música todavía se mueven en las callejas de aquel Quito de antaño, en donde ojos curiosos atisban las ventanas para escuchar aquellas perdidas serenatas. En esos empedrados aún se ven indios reunidos que parecen gritar: …. ¡regresa, Atahualpa….!

Atahualpa

I
Rey del Sol, Atahualpa,
Indio Rebelde, Atahualpa, despierta!
Encontrarás rendida tu raza querida,
En medio de esas cadenas de blancos, perdida.

II
Somos tu raza Atahualpa,
Que siempre estamos llorando,
Que siempre estamos gritando: justicia, justicia;
Ven con tu alma Atahualpa a darnos más vida.

III
Y llegará un día,
Un día, gran Atahualpa,
Que rompiendo esas cadenas,
Tu raza reviva.

IV
Entonces gran Atahualpa,
Será nueva vida.
Regresa Atahualpa,
tu raza grita: ¡Atahualpa!
(Atahualpa, yumbo / Carlos Bonilla Chávez, música;Carlos Bonilla y Luis A. Valencia, texto. )

***

La Corporación Musicológica Ecuatoriana CONMUSICA tenía elaborado un mini cancionero con algunas obras de Carlos Bonilla Chávez, el mismo que ha decidido cederlo como una contribución al CDROM que se elabora y a los lectores de este blog.

Así mismo pongo a su consideración un registro sonoro de un trío increíble que conformó Carlos Bonilla con Bolívar “El Pollo” Ortiz y Segundo Guaña. La grabación hecha en una presentación en vivo se realizó hacia 1963 en el Coliseo Cerrado de Quito, en un evento organizado por la Unión Nacional de Periodistas.

El otro registro es su composición Chasqui –igualmente ejecutada en vivo por el compositor- para guitarra sola (incluimos la partitura).

(Dar click en las fotos de las partituras para ampliar e imprimir en grande)


Atahualpa (yumbo). Versión piano (línea melódica con texto).



Quiteñitas (aire típico). Versión guitarra


CANCIONERO: CANTARES DEL ALMA /Conmúsica, Pablo Guerrero y César Santos (14 páginas. Dar click en las fotos para ver e imprimir en grande)















VIDEOS:

Caravana indígena / Armando Yánez Caicedo. Trío de Guitarras: Bonilla, Ortiz y Guaña




Chasqui / Carlos Bonilla Chávez. Guitarra sola



VIDEO: Chasqui

Quito, julio, 2010

sábado, 31 de julio de 2010

Nos solicitan la partitura del pasillo Invernal

Les pido a todas las personas que me han escrito que tengan algo de paciencia, pues he pasado un tanto ocupado; a partir de la próxima semana contestaré los diversos pedidos que han realizado. A los amigos de Colombia y Chile igualmente les solicito me esperen, pues estoy reuniendo la información y los documentos sobre César Guerrero y el pasillo El Aguacate y sobre Alberto Alvarado Valdivieso “El Diablo Ocioso”.

Un Saludo
***
El apreciado amigo, flautista y compositor Luis Fernando Carrera nos pide le enviemos la partitura de Invernal.


Invernal: un pasillo soneto



El compositor Nicasio Safadi Reves

Pasillo compuesto por el libanés, nacionalizado ecuatoriano y radicado en Guayaquil, Nicasio Safadi Reves (1897-1968), en base al texto del poeta manteño José María Egas. Los versos fueron escritos en la ciudad de Quito en 1920. La partitura fue editada por el mismo Safadi en 1933 en su Álbum musical Guayaquil, N° 4. Nicasio Safadi fue un músico excepcional y prolífico quien además de crear, cantaba (formó parte del Dúo Ecuador junto a Enrique Ibáñez Mora en los años treintas) y tocaba la guitarra. Esta pieza musical, junto al pasillo Guayaquil de mis amores figura entre lo más importante del repertorio de Safadi. Nos hemos dado el trabajo de levantar la partitura para que ustedes puedan leerla más fácilmente.

Dar click en las fotos de las partituras para ver e imprimir en grande.


VIDEO: Invernal (pasillo) / Nicasio Safadi, música y José María Egas, texto. Cantan: Margarita Cueto y Luis Álvarez.

martes, 13 de julio de 2010

Músicos en andamio: Si Bach hubiese sido longo y Beethoven negro

Para quitar un poco el sabor vertical de la seriedad que, casi siempre practica la investigación, he decidido finalmente sacar a luz un par de artículos que querían quedarse en el cajón del olvido; artículos de género muy dudoso, de los cuales únicamente valen la pena las partituras que vienen adjuntas, pues el resto solo son retazos de ironía, trazos literales (decirles literarios es ya demasiado); pero como no tengo la ansiedad del reconocimiento del mundo de las letras, me complazco con comunicarme y reírme un poco de las angustias cotidianas que vivimos los músicos en andamio.

Músicos en andamio: Si Bach hubiese sido longo y Beethoven negro

Pablo Guerrero G.



Pinturas reales de los grandes maistros que se encuentran en Cotacachi.

Si Bach hubiese sido indio y Beethoven negro, otro sería el cantar. Posiblemente Bach hubiese tenido como segundo apellido el de Guamán y sería dueño de una pequeña tienda de abarrotes en Pomasqui, de esas antiguas tiendas con gruesas paredes de adobe, con un solo cuarto, separado en dos ambientes por una tela que oculta la cama y el bacín; del techo, con telaraña y todo, colgando un par de focos de luz desfalleciente; el piso de tierra en el que se amontonan los enseres, y empotrada una vitrina de madera y vidrio, un aparador en realidad, con una serie de chucherías colgadas en todos sus espacios, casi reventando con tanto palitroque adaptado para colgar panelas, juguetes, ropa, botones, elásticos, cordones y cientos de chucherías descoloridas y con una granulación de años de no remover el polvo. Afuera un letrero “Abarrotes J. S. B. Guamán” y en letra chiquita agregado “banda de múcica para cualesquier compromiso / informes aquí”.
Dar click en los gráficos de las partituras para ver e imprimir en grande.



Sus manos estarían sucias y las uñas renegridas, con las mismas que contaría las escuetas monedas de la venta y a mano llena sacaría y entregaría los caramelos sin envoltura, de aquellos pequeñitos que los niños siempre buscan y que se guardaban en unos pomos de plástico transparente. Su instrumento no sería el clavicordio, sino alguno de aquellos que usan las bandas de pueblo, quizá un bombardón, un tanto estropeado y sin brillo. El patio de atrás de la tienda sería el espacio para los ensayos de la banda, compuesta por un grupo heterogéneo de pobres del pueblo que sufren la enfermedad de la música, rengos, barrigones de caras cuadradas, serenateros enamoradizos y flacos a más no poder, todos admiradores del viejo tendero, de cuyas enseñanzas y dirección dependían las presentaciones del grupo musical con la que se sacaba para los mendrugos de la vida y si no al menos quedaba la opción -sin que se dé cuenta don Guamán- de tomar algo de la tienda para matar el hambre atrasada. El del bombo sería el encargado de traer en un balde una buena porción de chicha fiada, de donde “El Carioco”, en una de las casas aledañas donde funcionaba la chichería por cuyo olor y escándalos se santiguaban reiteradamente las señoronas del pueblo.

Dedicada a esa ancestral bebida, Don Juan Sebastián Bacancela Gumán, no haría El Clave bien temperado sino La Chicha bien fermentada, con cariñosa dedicatoria al Carioco, a quien se le estaría debiendo de varias canecas desde hace meses. El sería el compositor de la marcha fúnebre La Pasión según San Antonio de Pichincha, así como de la Fuga del Señor del Árbol, de sanjuanitos en semicorcheas interminables a los que denominaría guamaniadas y no bachianas. Sus discípulos admirarían del Maestro la cuadratura, el nivel, la estructura, la compactación de la obra sin fisuras y de gran armonía… claro pues, si el fin de semana chauchea también como albañil eventual.

En cambio, si Beethoven hubiese sido negro, otro hubiese sido el color... de la música claro. Habría nacido en Carpuela o en San Lorenzo. Su instrumento favorito hubiera sido el mate o la marimba, aunque toda su vida se expresara a través de la guitarra con afinación Olmedo. Si Beethoven Chalá hubiese sido negro entonces habría hecho un total de nueve bombas; la sexta sería La Heroica, pues heroico resulta mantener 14 guaguas negros, y la “Pastoral” hubiese sido la “Pa’el Corral”, en la que describiría su amor a lo campestre y a las gallinas; otra dedicada a Roldós por haber hecho el Puente del Juncal (aunque después se hubiese arrepentido de tal dedicatoria). Otra de sus obras hubiera sido La Patética, porque en realidad no le salió tan buena.



No habría sido gruñón ni amargado, y le hubiese encantado el “humor afrodescendiente” (según la Secretaria de pueblos, ya no se puede decir “humor negro”); hubiese pasado la vida chupando óbitos y sembrado caña y en las fiestas de Mama Miche, desfilando con su instrumento. No hubiese sido sordo sino “mocho”, pues por el mal uso del machete en el cañal se hubiese “mochado” un par de dedos, de ahí que la banda que formara se la conociera como “Banda Mocha”.



En vez de Claro de Luna hubiese creado Jugo de tuna y en vez de Para Elisa hubiese hecho Para Doña Chencha, la caderona. No hubiese sido conocido por la “Quinta de Beethoven” sino por sus sembríos en la “Chacra de Beethoven” y en los ratos libres hubiese sido crack en el Manchester del Valle. No se lo hubiera catalogado como genio sino como ingenio, por ser el poseedor del mejor trapiche para hacer puntas.



Ay!… Si Beethoven fuera negro y Bach indio, entonces Tadeo Carcelén hubiese sido esquimal, Luis Alberto Valencia pudo haber sido chino, Julio Jaramillo nigeriano, y Luis Humberto Salgado alemán. Si Beethoven fuera negro y Bach indio, entonces yo habría sido europeo y hubiese mandado a callar el ruido infernal de esos incivilizados…

y si Mozart hubiese sido montubio, bueno…, ese es otro amorfino

***
De última hora:
Entre los objetos que permanecían en los restos del trapiche de Beethoven “Beto” Bong Chalá, se encontró una antigua cinta en la que se puede apreciar un pasillo titulado Parabrisa. Todo indica que la pieza se grabó en la época en que ingresó el primer carro a Carpuela… Escúchenla, seguro les trae alguna reminiscencia de alguna obra maistra





Octubre 2009

jueves, 1 de julio de 2010

Más del Inti Raymi y del fox incaico

Intip Raimi, fox de un compositor mestizo

Fidel Pablo Guerrero Gutiérrez


Francisco Paredes Herrera (Cuenca 8 noviembre 1891 - Guayaquil 1 enero 1952) ha sido uno de los compositores más prolíficos de la historia de la música popular ecuatoriana; se cree que entre creaciones, parodias y música escolar llegaría su catálogo a más de tres mil piezas, desafortunadamente no todas han sido debidamente guardadas ni registradas como testimonio a su gran esfuerzo y legado. El es el creador de los pasillos El alma en los labios, Tú y yo, Manabí, Carbón que ha sido braza, Vamos linda, Rosario de besos, etc., entre muchas otras que alcanzaron gran popularidad.



Entre los años 20’s y 30’s cuando se hacían las grabaciones discográficas a través de los sellos Columbia y Victor, el compositor Paredes Herrera alcanzó a escuchar varias de sus obras registradas en discos de pizarra. Cantantes latinoamericanos y nacionales grabaron sus piezas, principalmente pasillos y fox incaicos, que eran los géneros más de moda en esas épocas. Sin embargo no sabemos si su fox titulado Intip Raimi, con texto de Antonio M. Túpac Yupanqui, se llegó a grabar; al menos hemos podido recuperar la partitura de esa obra cuyo epígrafe está traducido como Adoración al Sol.

Colocamos pues la partitura que la hemos transcrito de una copia del original del compositor, así como su texto, en el cual se puede observar aquella inútil conmiseración que generalmente tiene el mestizo en relación al dolor y sufrimiento del indio. Además se podrá notar aquel criterio uniformizador -equivocado para algunos autores- de señalar, en un solo bloque a los indígenas de estos territorios y a los Incas. El Inti Raymi en efecto - conforme a lo escrito por el historiador Padre Juan de Velasco (1727-1792)- era una de las festividades incaicas.

Se encuentra también en la letra de la canción, aquel señalamiento derrotista, tantas veces repetido, de raza vencida; aunque por otra parte se hace interesante el comentar aquella mención al sistema “comunista” con que se hace parangón al sistema incaico. Paredes era hombre de izquierda (no lo he podido documentar, pero se dice que es el autor de un Himno al Partido Socialista), quizá por eso quiso musicalizar ese texto con aquella alusión. En general la canción que debe haber sido compuesta entre los años 20´s y 30’s, es una visión apocalíptica que pronostica que lo único que quedará de la raza de esclavos serán sus cantos y sus bailes.

Intip Raimi
Sun’s Worship
Adoración al sol
(Fox incaico)

Música: Francisco Paredes Herrera
Texto: Antonio M. Túpac Yupanqui

Oh! Inca ya no volverán tus glorias,
ya no se verán grandes tus riquezas
ni grandes tus monumentos
por más que tu dolor sea grande
por más que tus sacrificios cubran el orbe
y por más que tus generaciones esgriman
todas sus armas invencibles .

Tu pueblo será pueblo de esclavos
tu mansión regia será destrozada
y por tus campos verdes pasearán
otros hombres llenos de barbas
y también de ambiciones.

Tu gran comunismo será pisoteado
Y en su lugar se erigirán señoríos poderosos.

Adiós pueblo sagrado y glorioso.
Solo tu música y tus bailes quedarán
como triste trofeo de tus generaciones.
(click en las imágenes de las partituras para ver en grande e imprimir)






Más del Inti Raymi

Por invitación de Honorio Granja Azanza, funcionario del Banco Central del Ecuador, quien se encuentra coordinando una serie de trabajos investigativos de las manifestaciones culturales de diversas comunidades, fuimos a una prospección a visitar algunas poblaciones imbabureñas: Cotacachi, Imantac y Morlán.
Pudimos conocer a Inés Cacuango, quien tuvo la gentileza de invitarnos a su casa, así como conocer a Raúl Cevallos, antropólogo indígena que nos hizo referencia a varios elementos interesantes relacionados a las danzas que realizan los indígenas en las festividades del mes de junio. Gracias a su conocimiento y experiencia pudimos conocer las diferencias que existían entre la danza de los imantenses y los cotacheños. Por suerte pudimos grabar un pequeño filme de sus explicaciones del cual insertamos la primera parte.




En Morlán conocimos también a don José Morocho, un arpista de edad al que con su autorización le pudimos hacer un par de fotos con su instrumento, aunque no fue factible grabarlo.


lunes, 14 de junio de 2010

Desde New York solicitan la partitura de La Bocina

Copiamos el mensaje que ha llegado a nuestro correo:

"Hola mi nombre es Víctor les escribo desde New York, tengo veinte y tres años y soy fanático de la música ecuatoriana, recientemente encontré su pagina en el internet y les felicito por crear aquella pagina ya que es una buena vía para mantener nuestra música viva. El motivo por el cual les escribo no es solamente para felicitarlos sino también para pedirles un favor, que si podrían publicar la partitura de la canción titulada La Bocina. Bueno espero me sepan ayudar y si no pues de igual manera les agradezco infinitamente.
"Respetuosamente:
"Víctor Lazo"
****

La bocina (nombre que vino de España) es un instrumento musical, fabricado y usado por los indígenas de la sierra andina en Ecuador. Con él, muchas veces, se da aviso para la congregación de la comunidad, sirve para dar señales de peligro y la usaban los vaqueros indios en el arreo del ganado. Es un instrumento de viento que se fabrica de diversos materiales y formas. Hay bocinas hechas de caña guadúa y en uno de sus extremos se acopla un semicírculo de cachos de toros que se unen gradualmente hasta terminar con una embocadura tallada en su punta. Es un instrumento que requiere de gran vigor para ser ejecutado.

Incluyo unas fotos de referencia para tener una idea de la forma de una bocina, que fue hecha de caña y que le fue regalada a un hermano mío por un indígena músico del Cañar que la había heredado de su padre y éste a su vez de su padre. El nombre que le daba al instrumento era Erque (nombre quechua para señalar un tipo de trompeta de los Incas).


El bocinero. Grafico de Joaquín Pinto. Quito, 1899.




Una bucina turu, hecha de caña guadúa y partes de cuerno de res, del Cañar.






La bocina también es el título que se ha dado a una melodía -que dicho de paso la hemos escuchado tocada por bocineros de Cañar (población del centro del país)- que llegaría a ser adaptada por el compositor Rudescindo Ingavélez como fox incaico a fines de los años 20’s. Fue inicialmente una pieza instrumental, a la que después se le adaptó una letra, o mejor dicho varias letras. Conocemos tres versiones del texto. El más popular es aquel que dice:

Vivir en el campo,
en el campo triste…

Este texto es una especie de addenda, que no sé por quién fue musicalizado (tiene alguna remisnicencia cercana a la melodía principal) pues en las grabaciones originales hechas en discos de pizarra hacia los años 30’s no consta; al parecer se le aumentó posteriormente a la melodía original.

En cuanto al fox incaico podemos decir que es un género que surgió en las primeras décadas del siglo XX al influjo de dos vertientes: el fox trot (trote del zorro), baile norteamericano (una especie de jazz primitivo) y la combinación con melodías construidas dentro de la pentafonía andina, lo cual dio como resultado una especie de sanjuanito con un diferente acompañamiento rítmico. El fox incaico existe en Perú y en Ecuador. En nuestro país varios compositores crearon dentro de este género (me parece que fue uno de los primeros ritmos que usaron los nacionalistas para sus fusiones). Sixto María Durán creó varios fox incaicos, entre ellos Ñuca llacta y Quitus, así también los hizo Francisco Paredes Herrera: Inti Raymi, Raza vencida, entre otros; existía la costumbre de ponerles títulos y temáticas de raigambre indígena. Fox incaicos de gran divulgación, además de La Bocina, son: La canción de los Andes de Constantino Mendoza y Collar de lágrimas de Segundo Bautista.

El fox ciertamente era una baile popular que llegó desde norteamérica como el baile juvenil y de moda y gustó de tal manera, que los músicos de estas tierras lo fueron convirtiendo en otro género que pasó a ser parte del prontuario musical “nacional”. Segundo Luis Moreno, un gran musicólogo ecuatoriano opinaba en 1930 que éste género no era apropiado ni siquiera en su nombre, pues los Incas, decía Moreno, jamás habían bailado fox.

(Dar un click en las imágenes de las partituras para ver en formato grande e imprimir).