martes, 30 de septiembre de 2014

El pasillo ecuatoriano

El pasillo ecuatoriano, un resumen histórico breve

Fidel Pablo Guerrero


En el I Encuentro Internacional del Pasillo en América (Quito, 1995) se llegó al consenso de que las raíces del pasillo se hallaban en el vals europeo; éste último al venir a América  a fines del siglo XVIII fue adaptándose en el medio y dando paso a que surgieran modelos locales. Cuando Bolívar entró a Quito, en 1822, se sabe que las tropas se acompañaban con dos valses; así era la preeminencia de este género en aquella época.
“Este valse y el siguiente tocaba la tropa cuando Bolívar entró a Quito”. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.


Apareció así en la llamada Nueva Granada el valse granadino, posteriormente el valse al estilo del país y finalmente el que terminaría denominándose vals criollo. Se entiende que como una variante de algunos de esos valses fue –en tiempos de la Nueva Granada o  de la Gran Colombia- constituyéndose el pasillo en los territorios que hoy corresponden a Venezuela, Colombia y Ecuador, tres países con banderas de los mismos colores y un mismo género, por lo cual nosotros proponemos se designe al pasillo como el Género Musical Bolivariano.

Fragmento de una partitura de la época independentista, titulado Valse granadino. Quito, s. XIX.


Lo expuesto permite señalar que el pasillo es primero latinoamericano, pero también venezolano, colombiano, ecuatoriano y de donde fueron surgiendo variantes o emulaciones posteriores: Costa Rica, Panamá, Perú, Chile, Argentina, Cuba, México, etc. En cada comunidad fue adquiriendo sus propios matices musicales. Los pasillos se tocaban con guitarras, requintos, bandolines, bandolas, tiples, e incluso en marimbas u otras conformaciones instrumentales de cada país, lo cual también le daría sus características diferenciadoras en contenidos, timbre, velocidad y estilo.

El pasillo ciertamente, en el siglo XIX, era una danza de salón que formaba parte del repertorio de los sectores burgueses. De Colombia vendrían  pasillos de danza como El dime que si, El no me da la gana, Uña de pava y pasillos con cierto tinte político como Los expatriados. El escritor quiteño Alejandro Andrade Coello, piensa que el pasillo fue introducido al Ecuador en la década de los 70’s del siglo XIX; dice que luego que llegó el pasillo colombiano Los expatriados, el compositor Aparicio Córdoba compuso su pasillo Los bandidos, el cual considera el primer pasillo ecuatoriano. Por nuestra parte, en los años 90’s tuvimos la suerte de documentar y publicar la partitura de dicho pasillo.

 
Primera página en una de las versiones que hemos encontrado del pasillo Los bandidos del compositor quiteño Aparicio Córdoba. Foto-composición: Pablo Guerrero.

Otro de los creadores pioneros de pasillos es Carlos Amable Ortiz (Reír llorando es su logro más conocido), quien por su parte compuso su primer pasillo, en 1881 y lo tituló La Patria en el Ecuador (“Dedicado al Sr. Cmte. Javier Guevara”). Córdoba, Ortiz, Antonio Nieto y un joven de apellido Ramos serían los primeros compositores de pasillos en nuestro medio que, de acuerdo a ciertas crónicas, se hacían inicialmente emulando a los pasillos colombianos. En Guayas compositores como Casimiro Arellano, Juan Bautista Luces y Antonio Cabezas son creadores de los antiguos pasillos de danza, que tenían la velocidad necesaria para ser bailados.  

 
Retrato del compositor Carlos Amable Ortiz y su primer pasillo, opus 18: La patria en el EcuadorFoto-composición: Pablo Guerrero.

De manera complementaria, al menos una década  antes de que feneciera el siglo XIX, fue surgiendo en nuestro medio un pasillo que tenía al texto como protagonista, fruto de lo cual, quizá, fue disminuyendo su velocidad interpretativa, para lograr mayor dramatismo y expresión sentimental con la letra. Cuando se impuso el pasillo cantado, el pasillo de baile fue bajando su producción hasta prácticamente desaparecer. El pasillo con canto más antiguo que hemos documentado es el que pertenece a Francisco Ramos titulado Mis lágrimas (o Los ayes), que dice: Son los ayes de un amante, que despechado llora su perdida esperanza...

En el Ecuador del siglo XX el pasillo cantado llegó a ser el de mayor preponderancia, en detrimento del pasillo de baile. Hay que decir  también que existió un pasillo de reto (de enfrentamiento entre cantores rivales), del cual solo hemos podido consignar un ejemplo El caballero, el cual, la  madre de la investigadora especialista en el pasillo Wilma Granda, la Sra. Lidia Noboa, lo recogió con el título de Petita Pontón.

Mis lágrimas (también consta en otras partituras como Los ayes). Foto: Pablo Guerrero.


Pudiera ser que el pasillo empezara a cantarse toda vez que el  yaraví -que era la canción por antonomasia de la América indígena y mestiza-, empezó a debilitarse y precisaba un relevo, fue entonces que se probó primero con la habanera que era una danza de moda en el s. XIX y se la transformó en canción (como Van cantando por la Sierra) pero finalmente no logró imponerse y se buscó una alternativa de algún género más actualizado, que frente al antiquísimo yaraví se prestará mejor para expresar los sentimientos y la palabra cantada; surgió así el pasillo con texto que nosotros llamamos “pasillo yaravizado”.

El musicólogo Segundo Luis Moreno (1882-1972), en este sentido, asienta sobre el pasillo en 1937: “... esta danza criolla, que es en la actualidad la más difundida en nuestro país, ha ido cambiando de carácter, y del modelo original no le queda sino el nombre. Elegancia, variedad, alegría ha perdido por completo; y ha moderado tanto el movimiento, que ahora no es otra cosa que yaraví del género criollo: vulgar, monótono, lúgubre. Ha tomado un aspecto característico, es verdad; pero ¡qué aspecto... tan infeliz!...”  

Con frecuencia escuchamos aquella referencia de que el pasillo es “muy triste” (descartando el tiempo de cuando el pasillo se bailaba), sin embargo cuando las personas escuchan un blues no se hacen problema por el drama o la tristeza contenidos en aquel género norteamericano. La indigenización del pasillo o como nosotros lo llamamos, pasillo yaravizado,  le significó prejuicio y acusaciones de ciertos sectores que lo señalaban como  pasillo triste, tabernario, lloriqueante, pasillo de poncho, que nos parecen criterios que obedecen más que a una crítica sobre  la calidad técnica o estética de las piezas,  a un pensamiento colonizado y racista.

Pasillos ha habido con textos “académicos” o de vates continentales (Nervo, Darío, Neruda), de románticos, modernistas, poetas locales y regionales (Julio Flores, Medardo A. Silva, Félix Valencia, Arturo Borja, Ernesto Noboa Caamaño, etc.), como con letras de ilustres desconocidos en cuyos textos algunos puristas pretenden encontrar el tropiezo gramatical o la falta de ortografía, como si eso haría menos a una pieza musical con la que se halla identificada un pueblo; basta mencionar al El aguacate cuyo texto no se destaca precisamente por su calidad lírica y sin embargo de gusto enraizado que forma parte del acervo pasillero hasta nuestro días, y esto sucede, a nuestro parecer, porque a pesar de todo tienen en su sentido creativo general: “arte”.

También los músicos que tenían urgencias poéticas musicalizaron sus propios sonetos o letras con más o menos “inspiración” (Evaristo García, Carlos Rubira Infante, Víctor Manuel Valencia, Gerardo Guevara, Luis H. Salgado, etc.). Lo que sí se podría destacar es que desde 1917-1919, aproximadamente, cuando empezó a usarse poesía -“decapitada” o no, en soneto o no-, se logró un pasillo poético de alcances artísticos en lo musical y lo textual. En 1917 Carlos Amable Ortiz creó su pasillo Un solo beso con poesía de Manuel M. Flores y en 1919 Francisco Paredes Herrera compuso el Alma en los labios con poesía de Medardo Ángel Silva.

Portada de la partitura El alma en los labios del compositor cuencano  Francisco Paredes Herrera con texto de Medardo A. Silva.

Resumiendo, el pasillo en el siglo XIX fue un género musical ciudadano imbricado inicialmente en los sectores burgueses. Con el paso del tiempo su uso se fue ampliando a sectores subalternos, fue entonces precisamente que el sector acomodado dejó de interesarse en él y buscó otras danzas de moda  que a principios del siglo XX llegaban de Norteamérica: fox trot, one step, charleston, dixi, camel, etc.  

Cuando la población llana se apropió de este género naturalmente le imprimió su personalidad sonora y fue eso precisamente lo que permitió al pasillo fundamentarse como un género “auténticamente ecuatoriano” y de ello dependió luego su sobrevivencia hasta nuestros días. Como táctica de sobrevivencia los cultores del pasillo fueron fusionando y adaptándolo con otros estilos, por ello tenemos pasillos “clásicos”, pasillos abolerados, pasillos “yaravizados”, pasillos rocoleros y en la actualidad hasta pasillos tecno. La capacidad de adaptación del pasillo y su extensión en el tiempo ha sido asombrosa, pues si se toma en cuenta lo dicho por algunos investigadores, que el pasillo empezó a generarse al menos a mediados del siglo XIX, habría sobrepasado los 150 años de edad, lo que nos dice mucho de la preferencia por este género. Solo algunos súper géneros locales como el sanjuanito o el yaraví lo sobrepasan en tiempo de uso.  

Portadas de varios pasillos impresos: Soñarse pobre de Antonio Cabezas (Guayaquil); Sentirse solo de Cristóbal Ojeda (Quito); El montubio de Nicasio Safadi (Guayaquil); y, Opio y ajenjo de Victor Manuel Valencia (Pichincha). Compilación y fotos: Pablo Guerrero.


En forma general se puede aseverar que el pasillo de la Costa y el de la Sierra es el mismo, así como es el mismo ritmo característico de acompañamiento en ambas regiones y en gran medida lo son también las estructuras armónicas. Incluso las instrumentaciones pueden ser similares, pero cada pueblo o comunidad tienen sus manifestaciones y expresiones que se van constituyendo culturalmente en un sello particular. En esto mucho tienen que ver las expresiones y conductas culturales. Si bien se puede decir que el pasillo costeño es un tanto más rápido, lo cual es verdad, eso no es suficiente característica para diferenciarlos. Son los modos culturales propios, acentos e inflexiones del lenguaje musical y textual que marcan mayormente las diferencias musicales. La única manera de notar dicha sutil diversidad en un mismo género, es conviviendo con el pasillo, escuchándolo, investigándolo, o estando en cercano contacto con las comunidades donde se producen esos elementos culturales. 

Si bien se puede denominar al pasillo como el gran género mestizo de la música popular, no hay que olvidar que  somos parte de un país diverso, donde el pasillo nada significa para los pueblos Shuar, Achuar o entre los Cofanes. Julio Jaramillo o Luis Humberto Salgado, signados como los más grandes representantes de la música popular y académica respectivamente, no significan gran cosa para las comunidades antes dichas o para los pueblos afroecuatorianos, no solo porque no los conocen o porque ha habido poco información o divulgación de ellos, sino sobre todo porque cada pueblo tiene su propia dinámica en donde se mueven distintos valores y necesidades culturales.

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       Estudio histórico del pasillo ecuatoriano. Incluye varias partituras antiguas.

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3 comentarios:

  1. Recopilar e investigar nuestra historia musical me a parecido algo mágico y extraordinario,,, mis respetos Pablo Guerrero éxitos y bendiciones siempre,, y si pudiera mandarme alguna información por mail, me agradaría mucho,, soy un estudiante de música y me fascina nuestra patrimonio musical,,,,,,,,, mi correo es ,, luischicaiza_456@hotmail.com ,, mil gracias de antemano

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  2. i Muy bien! realmente el pasillo forma parte de nuestra historia y por eso debemos lograr que las nuevas generaciones escuchen y valoren nuestra música nacional.

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  3. i Muy bien! realmente el pasillo forma parte de nuestra historia y por eso debemos lograr que las nuevas generaciones escuchen y valoren nuestra música nacional.

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