martes, 3 de septiembre de 2013

Nos piden información de foto. Viaje a la región de los Cayapas

Viaje a la Región de los Cayapas.
Nos piden referencias de un grabado de músicos esmeraldeños.
Fidel Pablo Guerrero

Grabado hecho a partir de la foto tomada por Santiago M. Basurco en Limones (Esmeraldas), en 1891.

En el artículo Culturas musicales en resistencia: los afroesmeraldeños que publicamos en este blog [http://soymusicaecuador.blogspot.com/2012/06/culturas-musicales-de-resistencia-los.html], incluí un gráfico de músicos de marimba. Es un grabado que se realizó a partir de un daguerrotipo tomado en territorio Cayapa por el ingeniero Santiago Basurco, autor del escrito titulado Viaje a la región de los Cayapas, “trabajo premiado con medalla de plata en la Exposición Histórico Americana de Madrid de 1892 y traducido al francés para ‘Le Tour du Munde’ en 1894”.

Portada de la publicación del ingeniero Basurco.
















Del escrito de Santiago Basurco vamos a transcribir un segmento que trata sobre la marimba y su baile, así como incluir la foto en mención, pero antes una pequeña explicación:

En 1891, el oficial de navío Nicolás Bayona se arriesga a remontar el río Cayapas y avista “un banco aurífero de gran riqueza y de más de dos kilómetros de extensión”; toma muestras y las remite a Guayaquil, donde se forma una “Sociedad” con el objeto de enviar una Comisión, para reconocer esas regiones, levantar planos, tomar datos sobre la riqueza aurífera en esa región y que informe en torno a  la mayor o menor dificultad que podría presentar la explotación de los lavaderos de oro.
El gobierno ecuatoriano proporcionó ayuda para esa exploración, transportando al personal  en buques nacionales de Guayaquil al Puerto de Esmeraldas “y desde allí hasta la confluencia de los ríos Santiago y Cayapas en donde se organizó la escuadrilla expedicionaria”. El equipo principal estaba conformado por  Santiago M. Basurco, Ingeniero Jefe de la expedición; Roberto Bayona, Ayudante del Ingeniero, Capitán de Corbeta; Dr. D. Vidal Égüez, Capellán; Pablo Moreno y Juan G. Vallarino, Agregados; Carlos M. de Murrieta, Apoderado de la Compañía.

Viaje a la región de los Cayapas: 1. “Flotilla de la expedición”. 2. “Los primeros retratos”. Fotos del Ing. Dr. S. M. Basurco.

Santiago Manuel Basurco Tarelli, según información de Eduardo Villacís (Grabados sobre el Ecuador en el siglo XIX, Le Tour du Munde, 2008), nació en Lima en 1858. Se trasladó al Ecuador donde estudió y se graduó de Ingeniero Civil.
A pedido de una “Sociedad” interesada en conocer las riquezas minerales en la zona del Río Cayapas, comandó una exploración en el territorio llamado de los Cayapas. Dicha exploración se llevó a cabo a lo largo del mes de diciembre de 1891 (entre el 3 y 27 de diciembre). 
El día 3 de diciembre asistió a un baile de marimba que le sorprendió mucho; naturalmente su narración -con algunos prejuicios- debe ser apreciada como la del Viajero que quería escribir un artículo “con el objeto de dar a conocer, de una manera más amena, todo lo más notable de una región inexplorada”.
El daguerrotipo en mención trae la siguiente información: “La marimba, foto del Ing. Dr. S.M. Basurco. Viaje a la Región de los Cayapas (lámina I)”. Suponemos la tomó a día seguido de su participación al baile, de donde se retiró a la una de la mañana; así que habrá sido a la mañana siguiente o a su vuelta cuando pasó nuevamente por esta población cuando hizo la fotografía.
La mencionada narración de Santiago Basurco se publicó por partes en un diario Guayaquileño, al parecer en La Nación, desde enero de 1892. Luego se haría una edición en Lima, en 1902, que incluye algunas fotografías de su viaje.
Pasamos pues a escribir el testimonio de Santiago Basurco, principalmente el capítulo II, en donde hace una descripción de la marimba y su baile.


“II
“Tres horas y cuarenta minutos después de haber abandonado Esmeraldas, fondeamos frente a la Tola con el objeto de esperar la hora de la marea y hacer nuestra entrada, en el puerto de Limones.
La Tola es una pequeña población en la desembocadura del río Santiago; allí existe una buena máquina de aserrío movida por vapor y cuyo propietario mantiene un regular comercio de madera con Guayaquil y otros puertos del Litoral.
Cuando la marea subió a la altura deseada, levamos ancla y en quince minutos llegamos al fondeadero de Limones. Lindísimo aspecto presenta desde a bordo el grupo de casitas situadas en la playa, en la desembocadura del río y dando frente al mar. Bosque espeso y esbeltas palmeras sirven de fondo al paisaje; cielo azul y sin nubes le sirve de marco; el mar que rompe sobre la playa, formando raudales de blanca espuma lo completan.
Terminada la comida a las cinco y media de la tarde, convivimos en ir a tierra y formar allí una marimba. ¿Qué es la marimba? –preguntará el curioso lector (si es  curioso). Pues vamos a asistir a ella y a describirla lo mejor que podamos, pero antes recorreremos la población.
Limones visto desde tierra, no es Limones visto desde el mar. Mucha de su poesía desaparece y solo se ve un pueblo que recién se levanta, que comienza a tomar impulso y en el que todo está por hacerse.
No hace seis meses que el pueblo en que me ocupo, solo era un pequeño caserío compuesto de muy pocas chozas; pero desde que los lavadores de Playa de Oro pasaron ase propiedad de una Compañía norte americana que con un capital de 10.000000 de dolars se propone establecer trabajos en grande escala se consideró a Limones como el puerto principal por donde debe efectuarse el desembarque de maquinarias y demás elementos de trabajo; una fuerte de inmigración de colombianos no tardó en establecerse y ya la población cuenta con más de quinientos habitantes. Por desgracia, el Gobierno aún no ha tenido lugar de fijar su atención sobre este particular y su acción no se deja sentir absolutamente. El pueblo no cuenta todavía, con autoridades que hagan respetar las leyes del país.
La población se compone de negros y mulatos en su mayor parte, La raza blanca anda poco menos que escasa.
Como edificio notable cuenta con una maquinaria de aserrío, propiedad del súbdito italiano Sr. Sampietro, que también es dueño del mejor establecimiento de comercio del lugar. También hay una escuela pública a la que concurren más de cuarenta alumnos y que es sostenida por la Municipalidad de Esmeraldas y erogaciones de los particulares.
 […]

Ahora vamos a describir el gran acontecimiento del pueblo el día de muestra llegada: el gran baile de marimba promovido por el Comandante del Crucero, en obsequio a los expedicionarios, para que pudieran gustar de un espectáculo nuevo y enteramente original para la mayor parte de nosotros.
La marimba sería el baile nacional de los negro si los negros tuviesen nacionalidad única. El nombre dado al baile viene del aparato musical que forma parte de la orquesta y que juega en ella un papel secundario; pero no adelantemos juicios y narremos en orden.
Se buscó una casa donde pudiera verificarse el baile y previo consentimiento del dueño (que para estas cosas son muy consentidores) se mandó hacer invitaciones por todo el pueblo.
La casa es una habitación cuadrada de ocho metros por lado, en alto sostenida por postes de madera a tres metros sobre el suelo. El piso está compuesto de cañas rajadas a manera de tablas unidas  entre sí fuertemente. El techo es a dos aguas cubierto con bijao (unas hojas impermeables al agua) o sea el hierro acanalado de la gente pobre.
Son las 7 de la noche y el dueño de casa pide una caja de jorforo (fósforos) con la cual enciende las velas de cuatro farolitos que se sostienen suspendidos del techo en los cuatro ángulos del salón. Una mesa en uno de los rincones, sobre la que se ve enorme damajuana de aguardiente y bancas de madera a los alrededores forman el mobiliario.
Pocos momentos después sube la orquesta. Consta ésta de la marimba, instrumento melodioso, de aspecto semejante al tímpano, formado por una serie de tablitas de madera de chonta, de longitudes decrecientes, ligadas entre sí por medio de hilos de cáñamo colocadas horizontalmente sobre dos largueritos del mismo material y sirviendo a su vez cada una de ellas de tapa o cubierta a una serie de tubos de caña hueca también de longitudes decrecientes, pero en sentido vertical a manera de flauta del Dios-pan. Dos negros armados respectivamente de dos palitos que terminan en pequeñas esferitas rodeadas de caucho, son los que la manejan, golpeando sobre las tablitas que por la acción del choque vibran produciendo sonidos más o menos agudos según la longitud de ellas y la de los tubos que vienen a la caja sonora del instrumento (véase lám. 1).

“Lámina I”. La marimba. Foto de S. Basurco.


Los demás aparatos que forman la orquesta son tres tamboriles de un metro de altura por cuarenta centímetros de diámetro, que se tocan golpeando con las manos y a los que llaman cununas, Un pequeño bombo que lo conocen por su nombre propio, pero que lo tocan golpeando el centro con una maza al mismo tiempo que la circunferencia exterior con un palito y que además lo suspenden del techo con una cuerda a fin de hacer más estrépito. La marimba la suspenden también con cuerdas por cada ángulo del aparato. Completan el instrumental dos cañas huecas de ochenta centímetros de longitud, rellenas de unas semillas vegetales y que sacuden produciendo un sonido seco y fuerte. Estos instrumentos se llaman alfandoques o guasanes.
Un tiro de cañón construido con una caña hueca, reforzada con hilo de cáñamo arrollado exteriormente para que resista a la expansión de la pólvora, anuncia el principio de la fiesta y es el aviso para que concurran los invitados y todo el que se crea con derecho a serlo.
Principian los marimberos arrancar algunos sonidos melodiosos del instrumento, y las cununas, alfandoques y bombo a seguir el compás; pero a poco el entusiasmo de los tamborileros es tal, que casi no se perciben el sonido de la marimba y solo se escucha un estrépito infernal, acompañado de canto inintelegible y del cual solo se entiende la fuga, que dice: ay! ya me voy!!
Los músicos no se daban punto de reposo, pero los invitados no parecían; ir antes de las diez de la noche es de mal tono; pero, para nosotros que debíamos marchar al siguiente día, no era muy agradable respetar estas exigencias sociales de las bellas limonenses. Por otra parte, el repertorio musical de los negros es demasiado corto, está reducido “Al bambuco”, “La Caramba” y “El agua”; y el de versos había que hacer de cuenta que no existía; así que a poco me acometió un fastidio, que habría dado con mi humanidad a bordo, si no hubiera tenido vivísimos deseos de no perder la ocasión de describir un espectáculo enteramente nuevo para mí y aún creo que lo será para la mayor parte del mundo civilizado.
A las diez de la noche aparecen las niñas: todas visten trajes blancos adornados con cintas de diversos colores. Los peinados son sencillos, se componen de trenzas más o menos largas, según la escala cromática de las razas humanas. Pocos momentos después empieza el baile.
Una muñeca de cuerda, que gira en un círculo de dos metros de diámetro; un fantoche que persigue a la muñeca; ésta, que tropieza cada dos giros, haciendo volver caras al fantoche, que previamente hace un saludo o contorción más o menos intencionada, antes de seguir girando en sentido contrario. He allí el baile de marimba reducido a su más simple expresión. Como circunstancia atenuante, debemos agregar que no se miran ni se sonríen las parejas y como complemento, que no dejan de agitar sus pañuelos mientras dura el baile. En resumen cada uno cumple su tarea de contorciones, brincos y saltos, lo mejor que puede; pero el placer que por ello sienten los bailarines se sospecha, pero no se comprende.
Como al baile en que me ocupo habían asistido muchas notables del lugar, tuvieron a bien el querer bailar con los expedicionarios y algunos oficiales del buque que con nosotros estaban, y no pudimos resistir: hubo que hacerlo y a fe mía que nunca me he reído más; pero mientras brincaba haciendo que bailaba, pensaba para mí que sin duda alguna en la naturaleza todo está sujeto a divisiones bien marcadas y en cuanto a los gustos, los hay blancos y negros.
A la una de la mañana logré abandonar el baile y huí a la playa en busca de un bote. La luna recién aparecía sobre el horizonte lanzando sus plateados rayos sobre la superficie del mar. A poco un marinero me trasladó sobre sus hombros al bote, y media hora después a bordo del “Cotopaxi” me puse a filosofar sobre el baile, la marimba y la división de gustos hasta quedarme profundamente dormido".

Así concluye Basurco su relato sobre este asunto. Sin embargo existen otras informaciones que resultan interesantes:

“El río Santiago está poblado por negros y mulatos en su totalidad; muchos son de nacionalidad colombiana; cada familia vive aisladamente en su respectiva casucha, alrededor de la cual establecen sembríos de yuca, maíz, caña de azúcar y árboles frutales, sin olvidar tampoco el cultivo de los pastos . naturales con los que sostienen algún ganado vacuno.  También se dedican a la cría de aves y cerdos, pero todo en pequeña escala y únicamente para atender sus necesidades domésticas. El negocio de esta pobre gente consiste en la extracción del caucho de las montañas, en las que se internan en ciertas épocas del año, y en la construcción de canoas de maderas muy apreciadas y de que son abundantes esas selvas” [p. 10].
“Los cayápas  muestran tener por el instrumento musical que describí antes, conocido con el nombre de marimba, tal vez más afición que los negros ribereños o tanta como éstos; yo no vi una sola casa cayápa que no la ostentase como mueble de preferencia o único, pero no les oí ejecutar.  En cuanto a nuestros bogas no hubo un solo día en que por cansados o fastidiados que estuvieran dejasen de tocarlo. Apenas desembarcaban nuestro equipajes y provisiones principiaban a obsequiarnos con la música y hasta no turnarse todos no se daban punto de reposo. En los últimos días de viaje, confieso que me desesperaba oír en cada parada que hacíamos para almorzar, comer o dormir la tonadita de “El bambuco” que es la más popular y la única a que muestran tener marcada predilección. Creo que un profesor de marimba que fuera a esas regiones haría fortuna en muy poco tiempo”  [p. 64].

Entre las conclusiones que llegaron los exploradores son que “las riquezas que encierran los bancos auríferos del río Cayápas, Sapayo y Río Grande, son incalculables, y que su explotación en grande escala sería un negocio colosal”.
Habrá que ver si la explotación que ha sufrido Esmeraldas desde que Basurco y los exploradores se internaron en la región dando a conocer las riquezas existentes, ha traído beneficio al pueblo o si por el contrario la explotación ha servido solo para empresarios y gobiernos extranjeros, dejando un terreno destruido y aguas contaminadas, como suele ocurrir hasta ahora.

Tomado de:
Basurco, Santiago M. Viaje a La región de los Cayapas. Imprenta de la Escuela de Ingenieros de Lima, 1902.
Otra fuente:
Basurco, Santiago M. Viaje a La región de los Cayapas. Ecuador [algún medio de prensa]. [Guayaquil], 1892. [capítulo I y II: Guayaquil, enero 15 de 1892].

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