domingo, 7 de diciembre de 2014

Las Estudiantinas

Las Estudiantinas

Fidel Pablo Guerrero

A Juan Mullo

Las Estudiantinas son agrupaciones constituidas por instrumentos de cuerda pulsada, guitarras y bandolines con sus parientes cercanos, bandolas, mandolinas, bandurrias y guitarrones. Las guitarras acompañaban, los guitarrones hacían el juego de bajos y los bandolines se encargaban de llevar la melodía, mientras los otros instrumentos rellenaban o “contrapunteban” la melodía principal.

En la ejecución de los instrumentos se usaban generalmente uñetas o plectros, que dejaban escuchar en sonoridad metálica un repertorio de pasillos, yaravíes, valses, pasodobles, jotas e incluso segmentos de música “clásica” europea. En 1939 se pedía respaldo para estas agrupaciones, respaldo mezclado con aquella queja burguesa de “ennoblecer” a la música: “…las estudiantinas deberían ser estimuladas para que se  difundan. Es tan hermoso oír en guitarras, bandolines, tiples y bandurrias piezas clásicas de buenos autores que ennoblezcan el gusto. El papel de la música popular no ha de confundirse con lo callejero y monótono, con los temitas quejumbrosos de siempre, que parecieran brotes de hambre, desesperación, miseria y tristeza incurables […]” (El Comercio. Quito, sábado, 30 de diciembre, 1939).

Portada del pasodoble Estudiantina Ecuador de Reinaldo Zarzosa, creada en 1931.


De este modelo instrumental –que parece tener orígenes en las tunas y rondallas españolas- acaso si sobreviven una o dos estudiantinas a lo largo del país. Alcanzaron gran renombre,  entre otras estudiantinas, La del Centenario, Santa Cecilia, Estudiantina Ecuador, Atenas, La Estudiantina Quito, Estudiantina 24 de Mayo, etc.; todas ellas se fueron apagando…

El compositor Julio Cañar (extremo izquierdo) con la Estudiantina 24 de Mayo.

Habrán llegado a su fin estas llamativas agrupaciones  que, en el siglo XIX, hasta mediados del siglo XX, tenían profusa actividad en nuestro medio haciendo escuchar su música con el color característico resultante de esa combinación de instrumentos cordófonos? Acaso los artesanos, que generalmente eran los que organizaban estas agrupaciones ya no disponen del interés o del tiempo para formar  estudiantinas en sus gremios o, quizá, resulta que la tipología de este grupo resultaba muy españolísimo y por ello se fue extinguiendo?

Ciertamente nuestras comunidades fueron nacionalizando los formatos culturales que llegaron de fuera hasta convertirlos en un nuevo producto cultural; así pasó con los géneros musicales europeos y anglosajones; aquí sufrieron un proceso de mutación para dar lugar a nuevos géneros;  esto pasó con el vals, el fox trot  y el pasodoble, que terminaron en pasillo, fox incaico y pasacalle. Lo mismo suele pasar con los instrumentos, por eso nacieron la guitarra y el arpa criolla y tantos otros instrumentos con características propias como el charango, el cuatro, el tiple y en nuestro medio el bandolín.

Estudiantina Ecuador en 1928, según consta en el Florilegio del pasillo ecuatoriano. El primero de la segunda fila, a la izquierda, es Reinaldo Zarzosa, el Director.


Acaso el desempeño que caracterizaba a las estudiantinas -música exclusivamente instrumental-, para bailar o escuchar ya no funciona en nuestra época o, acaso el formato acústico que no resulta apto para grandes audiencias y su negativa de convertirse en una agrupación eléctrica le ha privado de seguir sobreviviendo?


El Municipio capitalino organizó en 1954 un concurso de Estudiantinas.

Algún instante habrá que contestar todas las inquietudes referidas, por el momento hay que saber que existen esfuerzos por restaurar y contemporanizar a las estudiantinas. Willam Guncay (y su estudio La escuela del bandolín ecuatoriano), Juan Mullo (quien está a punto de publicar su trabajo La Estudiantina Quiteña) y por otra parte Williams Báez tienen propuestas para organizar estudiantinas. En nuestros días apenas si sobrevive la famosa Estudiantina Quito, con exiguas actuaciones.

En conversaciones con las personas apuntadas anteriormente, he sugerido que no solo se retome el cancionero antiguo, sino que se creen nuevas obras para este grupo, pues considero que la creación da vida a una actividad cultural. Veremos qué sucede más adelante…

Les dejo con un artículo que compilé en medios de prensa sobre el mismo tema – y que lo compartí con los investigadores referidos- , escrito en 1934:

"Las estudiantinas
"Ha sido distintivo del gusto quiteño por la música la organización de estudiantinas que lucen sus instrumentos de cuerda y mantienen el fervor de las serenatas. Se escuchan aires atrayentes y variados en guitarras, bandolines, bandurrias, tiples y otros instrumentos, de los cuales algunos son genuinamente quiteños, como los bandolines, muy distintos de las italianas mandolinas.
Corría el año de 1922, cuando, durante la presidencia del Dr. Luis Tamayo, en las magníficas fiestas conmemorativas del primer centenario de la Batalla de Pichincha, constaba oficialmente, en el nutrido programa, la exhibición de una estudiantina que creemos se llamaba “Centenario”, compuesta de cosa de treinta ejecutantes, entre señoritas y jóvenes, que fueron muy aplaudidos, cuando en la lonja del palacio de Gobierno y en otros lugares públicos como en la galería de la “Rotonda”, en la Avenida 24 de Mayo” y en la Alameda, acariciaban los oídos con las marciales notas del Himno Nacional y con una selección de valses, marchas, jotas, pasillos y otras composiciones ecuatorianas y extranjeras, bajo la batuta del profesor Sr. Manuel Cortés R.
Fue la primera estudiantina que con tal carácter tomó parte en la celebración centenaria. Desde entonces, frecuentemente han sido premiadas varias estudiantinas en concursos populares y en las fiestas de inocentes.
Ahora el certamen de estudiantinas y cuadros musicales se ha puesto de relieve en el teatro, demostrando tanto el primor de la técnica, como el grado cultural del os artistas que se han disputado los respectivos galardones. Junto con las estudiantinas, se han exhibido también los grupos de cantores, los famosos dúos y tríos que dan al aire el sentimentalismo de nuestras canciones y trozos populares que la poesía y la música interpretan, causando viva emoción. Casi todas están impregnadas de honda tristezas, que exaspera y deprime cuando es sistemática y no brote sano de un excepcional estado del alma.
Algún día se hará justicia a los insignes maestros que han difundido, no solamente entre el pueblo, sino en los más distinguido hogares, el cultivo de aquel instrumento elocuente, y dulce y difícil de remembranza morisca, la guitarra, que tan inolvidables efectos consigue, sobre todo rasgueada por el bello sexo; de aquel otro instrumento tan armónico y expresivo, el bandolín, con el que se ejecutan verdaderas filigranas musicales.
Contados han sido los verdaderos guitarristas quiteños, entre los cuales, en épocas pasadas, desfilan los Parreños, Espinosas, Baus, Navarros, Romeros y otros. En posteriores tiempos, se destacan los Cortés Riofríos, los Zambranos, los López, etc. En las modernas generaciones, abundan los jóvenes que son el orgullo de las estudiantinas.
Se ha premiado también al arte escénico nacional a los que figuran como sus fundadores, desde los viejos períodos en los que era casi imposible organizar alguna compañía nacional, que se tenía luchar contra todo, inclusive la desunión y el ambiente hostil.
Recordamos que no fueron pocas las dificultades del experimentado compositor y maestro quiteño, tan conocido por sus merecimientos, don Rafael Ramos Albuja, cuando consiguió organizar a la vanguardia del arte una compañía lírica, hace de ello como tres lustros, y presentar, con toda la partitura y pormenores de la obra, la insuperable zarzuela “Mariana” que arrancó tantos aplausos d la desbordante concurrencia que acudiera al Teatro Sucre. Poco duró aquella empresa lírica, a causa de la guerra que se hizo y con motivo de los elementos disociadores que no faltan en los conjuntos de arte.
Preciso es también, en justicia, consignar los nombres de María Victoria Aguilera, Rosa Sáa, las Jaramillo, Marina Moncayo, Marina Gosembach, señoritas Gómez, Andrade y tantas otras que revelaron grandes aptitudes escénicas, y los de los señores Barriga, Pólit, Luis Carrilo, Bedoya, Estrella, Herrera, Barahona, Vásconez y tantos otros de tanto talento para la conquista del lauro en las tablas; abundantes nombres que han cooperado con sus dotes y entusiasmo al igual  que las estudiantinas, a la consolidación del arte nacional.
Al unir nuestras felicitaciones a las que el público les ha prodigado, dejamos constancia de que sentimos que la enumeración no sea completa, sino un ejemplo, trazado a la carrera, pues requeriría espacio y detenido estudio hablar de los creadores y representante del teatro quiteño".

Tomado de: “Estudiantinas”. En: El Comercio. Quito, martes 11 diciembre, 1934. p. 3. Recopilación Pablo Guerrero.

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